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Soy Meli Durán

Con luz propia

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Su piel empezaba a llenarse de manchas blancas mucho más rápido de lo que él lograba entender que estaba sucediendo con su cuerpo.

Era conocido por su facilidad para hacer reír a todos. Los chistes podían ser siempre los mismos pero la forma en que los contaba los hacía únicos. En tan solo 15 minutos transformaba cualquier instante en un momento de alegría. Pero ese día, un diagnóstico le había robado su sonrisa.

Miraba hacia el suelo y en silencio.

Me senté a su lado y le pregunté qué le estaba ocurriendo. Me señaló su rostro manchado, como tratando de mostrarme algo que yo no hubiera visto. Claro que lo había notado.

“Es su gracia lo único que necesitas”, le dije de inmediato. Y es que tenía una personalidad que ocultaba cualquier defecto. Contaba con tantos regalos de parte del cielo que lo convertían en una persona fascinante. Mientras su esencia siguiera intacta, los cambios externos que sufría su cuerpo no eran determinantes.

Algunas lágrimas surgieron y supe que lo había entendido. No es por nuestras fuerzas que sobrepasamos las circunstancias, la gracia es la intervención divina que hace que el favor de Dios no pueda ser quitado.

Han pasado unos 10 años de eso. La enfermedad no se fue, como tampoco lo hizo la esperanza de que solo cosas buenas vendrían a su vida. Podían llegar momentos de debilidad pero el favor de Dios no se iba de él.

¿Cuántas veces tememos el no poder afrontar nuestros problemas? Sin darnos cuenta que no es por nuestra fuerza sino por su gracia.

Dios es claro en su promesa: “Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en tu debilidad” (2 Corintios 12:9). Siempre que algo quiere llenar de temor mi corazón, me acuerdo de esas palabras y entonces, no pretendo encargarme de solucionarlo todo. Confío en su guía para tomar las decisiones correctas. Confío en esa invitación de vivir plenamente sabiendo que no necesito ser perfecta, ni acertada todo el tiempo.


Quizás las manchas que llevas no se vean sobre tu piel pero si en tu corazón, en tu mente, en tu pasado, en tu presente. Solo recuerda que no estás sola.


Sin importar lo que estés afrontando, lo único que necesitas es su gracia en tu vida; esa gracia que permitirá que Dios intervenga en tu situación y la transforme para bien.


Animo, Él prometió hacerlo. No es por tu fuerza, es por su gracia.



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La vida esta llena de momentos fascinantes pero no hay forma de evitar que el dolor llegue en algunos otros. Lo he intentado, se los aseguro, es imposible…

En más de una ocasión, cuando identifico que la tristeza embarga mi corazón también me doy cuenta que me siento mucho peor por permitirme estar así. Es como si tuviera la obligación de ser fuerte e invencible  el 100% del tiempo.

Como si no fuera suficiente la montaña rusa de emociones que, ya de por sí, por ser mujeres llevamos dentro, nos convertimos en nuestras propias villanas al no permitirnos “sentir plenamente” esos momentos oscuros que parecen interminables.

¡Soy fuerte! Me repito antes de salir a enfrentar la vida.

“Eso no es nada, hay cosas peores”, pienso mientras intento desacreditar lo que siento.
Resulta a veces, pero luego reconozco que no estoy siendo justa conmigo ¿Se vale estar triste? Sí, claro que se vale.

La tristeza es parte de lo que nos hace seres humanos, seres sensibles, mujeres apasionadas y empáticas.

Por eso hoy, hoy me permito estar triste.

Me lo debo. Lo necesito.

No será por mucho tiempo, las mujeres sabemos reinventarnos de formas increíbles. Pero por ahora, sentiré con intensidad cada una de mis emociones. No les permitiré dominarme pero me dejaré ser.
Solo por hoy…



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• Los sueños mueren cuando usted no tiene visión.

Es cierto, para cumplir nuevas metas no necesitamos que inicie otro año. Sin embargo, a veces en nuestra cabecita funciona muy bien la idea de detenernos por un instante, decir adiós a esos 12 meses que no siempre son tan generosos, respirar profundo y dar un paso adelante a lo que podemos considerar una nueva aventura o un año nuevo.

Desde hace un tiempo aprendí a crear mi plan de ruta para el año que llegaba, el cual permitía cambios durante el camino y me llenaba de ilusión cada primero de enero. No siempre se cumplía al pie de la letra pero no me castigaba por eso. Tener mis metas a la vista me permitía recordarlas y caminar hacia ellas, constantemente.

¿Cuáles son sus planes para el próximo año? ¿Recuerda aún con qué soñaba?

Sus pasos se dirigirán hacia donde tenga su mirada, se lo aseguro.


Si sus ojos observan hacia su pasado, se estancará, nunca avanzará. Algo similar ocurre cuando camina con su vista hacia el suelo ¿lo ha intentado? Se avanza sin un rumbo fijo y es mucho más fácil tropezar.


Así como sucede con las grandes corporaciones, una visión clara y estratégica le dará un sentido a su vida. No se trata de vivir cada día bajo la monotonía que nos imponen. Consiste en vivir con propósito e intentar que nuestros actos nos acerquen a lo que soñamos.

Para navidad, nunca hice lista de regalos a Santa, ni a los Reyes Magos, ni a mis papás.

Pero no podía arrancar un año nuevo sin presentar mis peticiones ante Dios. Esos sueños, esas metas, esos propósitos que nadie más conocía, solo algo entre Él y yo. Palabras escritas en papel que luego se convertían en una realidad y me mostraban su fidelidad.

De igual forma, en la mesa de mi biblioteca reposa un portarretrato con una de mis más bellas obras: mi visión. Hace unos años definí a donde quería llegar y a qué rumbo iba a dirigir mi esfuerzo. Recorté palabras e imágenes de periódicos y revistas que me lo recordaran, todo el tiempo.


Claro que como usted, muchas veces me siento sin rumbo. Me distraigo y olvido por completo el lugar al que quería llegar. También hay instantes donde los días parecen no tener sentido y mi mirada vuelve atrás.


Pero mi visión esta físicamente ahí, todo el tiempo. No hay forma de evitar observarla cuando tan solo salgo de la habitación. Ese tipo de recordatorios se posicionan en nuestra mente y lo más importante, en nuestro corazón.


No le hablo de cosas complejas. Dedicar tiempo para su familia puede ser una de ellas. Ser una mejor hija, una mejor amiga, una mejor esposa. Culminar una carrera, no dejarse aplastar por la obsesión al trabajo, vivir más, amar más.


¿Cuál es su rumbo? ¿Sabe hacia qué lugar le han llevado sus pasos hasta ahora? ¿Es ahí donde quería estar?

Aún esta a tiempo de pasar páginas y hasta de cerrar libros. Crear un nuevo destino puede ser su meta para este 2018.

Anímese. No se preocupe por lo que los demás piensen. Es su camino, es su vida.

Pero no puedo cerrar este texto sin revelarle mi principal secreto. Eso, todo eso que anhela su corazón, cuénteselo a DIOS, ÉL será su mejor compañero de viaje.

Que usted alcance su propósito de vida, es hoy mi deseo.

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No es tarde, tranquila.

Cada una tiene su propio tiempo. No es ni antes ni después.

Que sean otros los que vivan bajo la presión de cumplir con los requisitos sociales.
Usted no, mi amiga, usted tendrá su momento perfecto.

Aún no es demasiado tarde para enamorarse. No hay edad para amar. Tampoco lo es para intentarlo una segunda o tercera vez. No se rinda.

No es tarde para empezar una nueva carrera, aprender un nuevo idioma o emprender su propio negocio.

No le pongamos edad al matrimonio, que llegue cuando tenga que llegar.

No fue anticipado el bebé que tuvo a los 20. Sí, quizás no estaba lista, pero a los 30 el mismo temor hubiese acompañado la noticia. Ahora tiene la oportunidad de disfrutar el ser madre por más tiempo que cualquier otra.

Por otro lado, si supera las tres décadas y ese deseo de ser madre crece cada día, está en un buen momento para alcanzar ese sueño. Cuenta con la madurez, experiencia y sabiduría para afrontar ese reto que le recompensará cada vez que la llame “mamá”.


No es ni antes ni después. Cada una tiene su instante perfecto.

No es tarde, no se preocupe. Viva cada instante porque cada momento es único y nunca volverá. Aún tiene toda una vida por delante para disfrutar, sufrir, llorar y sonreír.

El fracaso y el éxito no se fijan en su edad. Los malos tiempos aparecerán en su vida y luego se irán para dar lugar a los mejores. No se trata de la cantidad de candelas que apague en cada cumpleaños, dependerá del valor que tenga para continuar, creyendo que lo mejor siempre está por delante.
Todas somos distintas, con metas y sueños diferentes, entonces ¿Por qué someternos a esa línea de tiempo que nos imponen para lograr lo que queremos?

Usted viva a su tiempo y sea feliz con eso. La preocupación no acelerará su propio proceso pero la ansiedad sí la llevará a cometer muchos errores.

Permítase vivir y tener su propio reloj. Usted lo merece.

No se compare. El mundo es suficientemente grande y nos permitirá a todas cumplir nuestros sueños.

No es una competencia. Es su vida.

Por eso, no es ni antes ni después. Las cosas sucederán cuando tengan que ocurrir.

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Estaba a 5 mil pies de altura, no era el mejor momento para calcular cuánto realmente significaba eso, solo veía que los enormes árboles de hace un instante ahora se veían diminutos.

Había subido a esa avioneta con muchísima confianza, como si se tratara de realizar una entrevista más. La misión era clara: saltar en paracaídas, completamente sola y realizar un reportaje para el noticiero.

Cuando me dijeron que era el momento de colocarme “en posición”, tuve todo el deseo de salir, de una vez por todas, de este compromiso que ya la verdad no me sonaba tan atractivo. Pero aunque mi intención era levantarme del suelo de aquella avioneta, lo cierto es que mis piernas no reaccionaron. Por primera vez experimenté el que mis extremidades no recibieran la señal de mi cerebro que decía: “Es el momento, arriba, reaccionen, hay que saltar”.

Fue entonces cuando me di cuenta que aunque yo quería ignorarlo, mi cuerpo si estaba consciente de la locura que iba a cometer. Ni siquiera me había montado en una avioneta alguna vez en la vida y ahora estaba ahí, con la puerta abierta para saltar al vacío. Fue uno de los instantes en donde escuché, claramente, al miedo hablarme al oído.

Su voz es perturbadora y sentí su aliento cerca de mi cuello, sus palabras pintaban el panorama más oscuro y se resumían en un “NO PUEDES”. Palabras que repetí varias veces, en el instante antes de saltar. Es decir, si hubiese sido un salto mortal mis últimas palabras antes de morir y que posiblemente adornasen mi lapida serían “NO PUEDO”, un mensaje nada inspirador.

Lo hice, no le voy a decir que salté porque sinceramente aunque lo intenté, mis piernas seguían paralizadas. Solo me deje caer al vacío. No espere que le diga que de pronto una luz me ilumino y me lleno de valor. Nooo, eso no existió ni por un instante. Lo hice, pero lo hice con muchísimo miedo.




Segundos antes de saltar lo único que pensé fue que ya estaba ahí, que había aceptado el reto, que abajo ya estaban colocadas unas cuatro cámaras para grabar cada movimiento y que no podía decepcionarlos. Tampoco fue un pensamiento motivador pero sin duda me llevo al límite y luego a la acción. Lo hice con miedo.

Una vez que la avioneta se alejara y me encontrara sola como flotando en el aire, supe que había valido la pena. El paisaje y la tranquilidad que respiraba eran incomparables. Había creado un momento único y trataba de asimilar cada sensación y fotografiar mentalmente aquello que veía para nunca olvidarlo. Si hubiese dejado que el miedo me venciera me hubiese privado de una de las mejores experiencias en mi vida.

Pero ahí no acababa todo, solo se ponía más complicado.

De pronto, me di cuenta que lo que seguía era igual o más difícil que lo que ya había superado. Tenía que iniciar el plan de aterrizaje y como suele suceder, en un momento como ese, todas las instrucciones se olvidan. Lo que sí recordaba, para mal, era que debía caer haciendo una vuelta canela para evitar lesiones. ¿Es en serio? Podía seguir viva tras saltar de una avioneta a 5 mil pies de altura pero morir desnucada al intentar hacer una vuelta canela. Nunca pude hacer una bendita vuelta de esas y era uno de mis mayores temores de niña.

Todo esto, para concluir en lo más importante. Si hay un reto frente a usted, conquístelo, hágalo suyo. No espere a que el miedo desaparezca, hágalo con miedo si es necesario, pero hágalo. Quizás pueda descubrir un paisaje maravilloso del que se privaría si no arriesga. Las mejores cosas y los mejores momentos, están al atravesar la línea del temor.

No pronuncie un “No puedo” que sí que puede. No hay límites para usted, solo los que ponga en su cabeza y en su boca.

Puede que se lleve algunos golpes al intentarlo pero sobrevivirá.

En mi caso, al evitar la vuelta canela pude caer de pie pero me gané una lesión en la rodilla que me llevo meses de terapia para recuperarme. Una secuela que me generaba dolor de vez en cuando pero que también me recordaba ese momento en el que fui valiente y conquiste el miedo.

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• Forzar personas o situaciones que no fueron diseñadas para nosotros solo nos hará mucho daño.

Mientras trataba de probarme aquel hermoso vestido que me llenaba de tanta ilusión, pedí un poco de ayuda para el cierre de atrás. Unas tres dependientes se acercaron a ayudarme, entre ellas se miraban sin percatarse que yo las veía por el reflejo del espejo que tenía en frente.

-“No me cierra, ¿verdad?”, les dije.

-“Está un poco ajustado, quizás con un pequeño arreglo funcione”, me dijo una de ellas con tono amable.

-“Si bajas unos 4 kilos te quedaría perfecto”, dijo con toda seguridad un joven que se acercó de inmediato.

Me voltee para memorizar ese rostro, mientras intentaba controlarme y no cometer una imprudencia.

– “La verdad es que solo si me quito las costillas, este vestido lograría cerrar”, le dije mientras le clavaba una mirada enfurecida. “Yo no tengo que bajar de peso para poder meterme en un vestido ¿Qué estás pensando? Yo no me acomodare nunca a un vestido, el vestido se acomodará a mí. Es sencillo, esta no es mi talla”, agregué.

Efectivamente, en cuanto me trajeron un número más, aquel vestido se adaptó perfectamente a mi silueta. El error no estaba en mi peso sino en la selección del tamaño de aquel vestido que, sin duda, no era para mí.

¿Cuántas veces forzamos situaciones que no están destinadas a ser? Peor aún ¿Cuánto sacrificamos para que personas se queden en nuestra vida cuando no fueron diseñadas para nosotros?

No recuerdo el número de ocasiones en que estuve metida en una situación que desde el inicio sabía que no iba a resultar bien y después parecía imposible salir de ahí. De la misma forma, inicie relaciones de amor o amistad con personas que no calzaban en mi corazón y el insistir solo me hacía mucho daño.

En el instante en que ese vestido se resistió a cerrar, tuve dos opciones. Una de ellas era aceptar la recomendación del tipo ese (que aún me enoja con solo recordarlo) y morirme de hambre un mes completo para saciar un capricho o darme mi lugar, pensar un momento cuales eran los posibles panoramas y elegir el que me beneficiaba: necesitaba otra talla.

Seamos sinceros. Sé que cuando esta metáfora se aplica a otros aspectos de la vida ya no es tan simple como probarse otro vestido. Lo que sí es seguro es que en cada uno de los casos se requiere:

1. Decidir cuales voces escuchar. Las opciones varían entre las que llevan una dosis de veneno de parte de gente externa, las palabras de alguien que sabes que realmente quiere lo mejor para vos o la vocecita que desde adentro no se cansa de llamar la atención.

2. Tomar decisiones. Una vez que crees saber qué es lo mejor, entonces se requiere de mucho valor para tomar decisiones. Muchas veces eso se traduce en renunciar a algo y retomar un nuevo camino.

3. Mantenerse y respetar esa decisión. Este es, quizás, el paso más difícil pero es necesario para que todo adquiera sentido.

No se desespere. Algunas veces esa otra “talla de vestido” no estará disponible y tendrás que esperar con paciencia para conseguirlo. Lo que puedo asegurar es que esa espera valdrá la pena y se ahorrará muchos días difíciles.

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Siempre planifiqué mi vida en torno a los 20s. Me propuse y me exigí cumplir muchas de las metas mientras tuviera veintitantos, constantemente, me repetía: “Eso debo hacerlo antes de los 30”.

Veía ese tercer piso lejano y amenazador, ese destino que estaba allá esperando a que me acercara, tan solo un poco, para comerme viva. Tenía que alcanzar mi licenciatura mucho antes porque después no tendría las mismas fuerzas para hacerlo, lograr la mayor experiencia laboral y “quemar fiebre” porque después, quizás después no podría.

Ni que decir de comer todas las hamburguesas del mundo porque luego el metabolismo me traicionaría y al mismo tiempo ponerme en forma porque luego sería demasiado tarde.

Lo cierto es que un mes me separa de ese cumpleaños número 30 y por alguna razón no me asusta.

De pronto, me da más temor ver hacia atrás y saber que llevo 10 años de mi vida sin detenerme un segundo. He elegido trabajos demandantes, he llegado sin fuerzas al final del día, no he salido a ejercitarme lo suficiente, no he disfrutado lo suficiente, no he leído lo suficiente, no he hecho lo que he querido lo suficiente, ni siquiera, he aprendido a nadar lo suficiente. Sí, a los casi 30.

A veces es tanta la información que digiero en el día que puedo olvidar hasta las cosas más sencillas, pero no por eso, menos importantes. ¿De qué estaba hablando?, ¿en qué quedamos?, ¿qué era lo que iba a buscar?, ¿qué hice ayer??? ¿por qué tendría que recordar lo que hice ayer?

Es entonces cuando percibo que mi cumpleaños se aproxima con una nueva perspectiva de mi vida.
No es que al subir al tercer piso todo sea más difícil, es que lo que he elegido a los 20s me pasan factura ahora. Y sí, es cierto que la báscula ya no es tan benevolente con uno y que prefiero mil veces quedarme en la casa, metida en la cama con unas medias de franela que salir de fiesta. Pero también es cierto que, en lo profundo de mi alma, me siento mejor que nunca.

No es tarde. Aún puedo tomar decisiones importantes que cambien, radicalmente, el rumbo de mi vida. Todavía me embarga la emoción de estudiar otra carrera, la de aprender a cocinar y la de emprender cualquier cosa. Estoy segura que la nueva década que llega a mi vida traerá múltiples cosas buenas y que la que dejo atrás, ha hecho que hoy sea quien soy.

Así que, si sos de las que tienen más de treinta y disfrutan la vida al máximo sin temer a nada, podes estar segura que quiero ser como vos. Y si, por otro lado, sos de las veinteañeras que se quieren comer el mundo, entonces cómaselo, pero sobretodo, disfrute, viva el proceso y no se afane, porque la vida pasa y nunca, nunca será demasiado tarde para empezar de nuevo.

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Yo quiero un amor valiente. De esos que te ven a los ojos y no te ocultan nada.

De esos amores que saben que algunas mujeres no esperan que les bajen la luna, porque los cuentos de hadas son para las niñas.

Yo quiero un amor de esos que van de la mano, con la cabeza en alto. Un amor que me proteja pero que también se sienta seguro entre mis brazos.

Quiero un amor que saque la mejor versión de mí misma. Que me rete, que me impulse, que me aliente y que no intente detenerme.

Yo quiero un amor que no sólo observe la grandeza de otros sino que reconozca la suya propia.

Quiero un amor genuino. Uno de esos que laten fuerte, que te hace sonreír sin sentido, que viene a tu cabeza y se refleja en tu rostro.

Esos amores que llegan de pronto, cuando no los esperas y que no dudan en quedarse.

Quiero un amor fuerte, capaz de soportar los malos tiempos, los malos ratos, las malas vibras. Un amor que sepa lo que quiere y lo que merece.

Yo quiero un amor sincero. Un amor real, sin prejuicios, sin temores, sin heridas abiertas. Quiero un amor que arriesgue, un amor valiente.

No quiero costosos regalos. Quiero tus manos entre las mías.

No quiero promesas inalcanzables. Quiero planes contigo.

No quiero que dudes. Te quiero conmigo.




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En el bus, en medio aguacero, en una presa o hasta en media calle. Cada uno de ellos, escenarios tan comunes y sencillos, sin una gota de romanticismo, se convierten en posibles espacios donde podés encontrar al amor de tu vida.

Este blog nació, precisamente, cuando expresé la plenitud encontrada en medio de la soltería. Nada ha cambiado. Sigo defendiendo y creyendo en cada una de las palabras escritas.

Los dos años y unos cuantos meses de “soledad” fueron los más aprovechados en mis últimos 29 años. Cumplí metas, me propuse otras, crecí académicamente, crecí profesionalmente, tomé riesgos, hice cambios, fortalecí amistades, me convertí en mejor hija, en mejor hermana, en mejor ser humano.  Me acepté y me amé.

No merecía menos, era lo que podía hacer por mí, consciente que yo era la única responsable de mi propia felicidad. Además, anhelaba estar lista para el momento correcto, con un corazón sano y sin ninguna sombra que me impidiera amar a ese hombre como se debe.

Ahora, me traslado a aquella noche fría de finales de noviembre, con 13 horas de trabajo encima, con más de una preocupación en la cabeza, tacones altos y los últimos rastros de maquillaje, el cual estuvo intacto en las primeras horas del día pero ahora estaba fuera de lugar.

Recuerdo que al salir de la oficina, intenté regresar a verme al espejo antes de aquel encuentro pero no lo hice. Al final, era solo un desconocido que me ayudaría con ese artículo que necesitaba.
Así que en medio de la noche y de la forma más informal, lo vi.

-Hola, soy Melissa.
-Hola Melissa, soy Esteban.

De inmediato, esa voz dulce y clara captó mi atención. Nunca nadie había pronunciado mi nombre de la forma en que él lo hizo.

No me importo no haberme peinado o no colocarme un poco de brillo en los labios. Él llenaba de paz y seguridad cada rincón de mi corazón.

Así fue como lo encontré. De frente, en media calle, sin esperarlo ni propiciarlo.
Así fue como él me encontró: plena, sin prisa, sabiendo que llegaría pero sin desesperarme porque lo hiciera.

Lo que sucedió después, es una historia de amor que aún se construye y que nos hace avanzar de la mano, sin temor a lo que venga.



No necesité ninguna cita a ciegas ni desvelarme para visitar lugares en busca de “esa persona”.

Yo solo estuve en el momento justo y en el lugar correcto.

Si se hubiese adelantado tan solo unos cuantos meses, hoy no estaríamos juntos. Nos encontrábamos en un proceso que debíamos enfrentar solos para luego disfrutarlo juntos.

Por eso, a pesar de que muchas personas quisieran resumir todo a una cuestión de años, meses o días, el amor no se limita al tiempo.

“¿Estas segura?, pero si apenas lo conocés”; “Todos van a creer que estas desesperada”; “Deberías esperar un poco más” o el otro panorama: “Ya llevan muchos años juntos, deberían dar el siguiente paso”; “¿No creen que ya deben ponerse serios?”; “y ¿Cuándo se casan? Ya deberían estar pensando en eso, tienen mucho tiempo juntos”.  No prestés atención a frases como esas. Solo vos sabes cuando es el momento justo y eso es lo que vale.

Si estás en una etapa de la vida donde te sentís plena, donde has alcanzado muchas de tus metas, donde sabes lo que querés y no estás dispuesta a aceptar menos, entonces ADELANTE. Estas lista para tomar decisiones.

Tampoco te desesperés diciendo: ¿A dónde lo voy a encontraaaaar? Eso no depende de vos y saberlo, debería quitarte un peso de encima. No te presiones. Disfrutá cada etapa.

Lo único que necesitas es la convicción de que lo bueno que has sembrado en la vida, se recoge y que si has puesto el corazón en manos de Dios, ÉL lo entregará a la persona correcta.

Disfrutá la soltería. Dese una oportunidad y desarrollá una relación con vos misma.

No temas tomar decisiones. Que cada una de ellas te acerque, primero, a la persona que soñás ser. De lo demás, se encarga Dios.

Hoy, con un anillo en mi dedo, sé que amé y respeté a Esteban, aún antes de que llegara a mi vida.
Por eso, reconozco el gran valor de esperar. Cada vez que lo veo a los ojos, lo confirmo.




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Sí, se trata de una historia de amor pero no de las comunes ni tradicionales.
Es una relación complicada, que nació para ser eterna.

Un enlace indivisible pero frágil, tan frágil que cede con facilidad.

Es la historia de amor entre vos y tú alma, entre vos y tu esencia.

Hace unos días, una joven me escribía porque estaba desesperada y necesitaba que alguien le dijera que hacer. En realidad estoy segura que ella lo sabía pero no tenía el valor de tomar decisiones.

Leí su historia. No era diferente a la de muchas otras mujeres, no era diferente a lo que viven algunas de mis amigas, no era diferente a lo que yo pude haber vivido alguna vez y fue, precisamente, lo habitual de los hechos lo que realmente llegó a mi corazón.

Aseguraba estar enamorada. Nunca había conocido a alguien que la hiciera sentir de esa manera. Él la hacía reír y ella amaba ese “sentimiento romántico” que le generaba el creer que alguien antes de domir, pensaba en ella.

Esa introducción al relato parecía conmovedora pero conforme iba avanzando, evidenció que la situación era otra.

Lo cierto es que su “novio” en realidad era el “novio” de alguien más. Que pasaban hasta dos semanas sin que ni siquiera la llamara o le escribiera; él le decía que no estaba dispuesto a hacer nada por ella pero tampoco perdonaría el hecho de querer dejarlo.

Mientras llegaban los mensajes, sabía que lo que yo quería decir no era lo que ella quería escuchar y que al final, todo dependía de que esta joven de 24 años se volviera a enamorar. Sí, se volviera a enamorar, pero de ella misma.

Como mujeres, muchas veces, olvidamos que todo lo que necesitamos está dentro de nosotras, que es descubriendo nuestra alma donde alcanzamos la plenitud y que al final, nadie nos puede hacer daño si no lo permitimos.

Me molesta pensar que entregamos lo mejor de nosotras a quien no lo merece y a quien ni siquiera lo ha pedido.

¿Cuándo nos dejamos de querer?

He visto a mis  amigas conformarse con muy poco, con tal de estar cerca de esa persona que ahuyenta su soledad, aunque tampoco lo amen.
Las he escuchado decir: “Quizás sí utilizo un vestido hermoso, él al fin verá en mí lo que aún no ha visto”
¿En serio? ¿Estas segura que esa persona que ha tenido tiempo para notar lo maravillosa que sos, lo haga solo si utilizas un vestido nuevo? No, nos engañemos.

¿Cuándo te dejaste de querer?

Te dejaste de querer cuando aceptaste estar en una relación donde eran tres, en lugar de dos.
Lo hiciste cuando te obligaste a llamar la atención de alguien que te había demostrado, de forma cruel,  no tener ningún interés.

También cuando te permitiste llorar tres semanas seguidas por una persona que no valía la pena y estabas consciente de ello.

Te fallaste cuando anulaste tu dignidad, cuando te conformaste con menos, cuando aceptaste comentarios hirientes  y los justificaste.

Cuando te aferraste a alguien que no te amaba.

Lastimaste tu corazón cuando sacrificaste la paz y la felicidad por alguien que no estaría dispuesto a hacer lo mismo por vos.

Pero sobre todo, te dejaste de querer cuando te negaste a reconquistarte y mejorar la relación con vos misma.

No aceptes menos atención, menos amor y menos respeto del que sabes que mereces.
No pretendas tener éxito en una relación si aún hay deudas pendientes con la persona más importante, que sos vos.

Todas tenemos el derecho de soñar con el tipo de hombre que anhelamos a nuestro lado y ellos, ellos también merecen a una mujer que ame su propia alma.

Volvámonos a querer.

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Para  cuando aprendas a leer ya habrás tenido tus momentos de dolor, de decepción y por supuesto, de alegría.

Sé que desde que Dios decidió darte esos bellos ojos que me miran con amor, también depositó en vos, los ingredientes necesarios para una personalidad única, pero si de algo sirve mi experiencia, mi pequeña sobrina, deseo compartirte lo siguiente.

28 consejos, uno por cada año que tía ya ha vivido. Tómalos o déjalos. Igualmente, te amaré siempre.

1. Aprende  a perder. Sé que la sensación de ganar es casi un vicio, para eso se trabaja y para eso  es que uno se esfuerza. Pero los grandes ganadores también saben perder. Reconocer que alguien lo puede hacer mejor que vos, sin sentirte inferior o enfurecerte, será el mejor premio que podrás recibir y eso te hará una ganadora.

2. Permite que la tristeza tenga breves visitas. Nadie es feliz el 100% del tiempo, así que no te culpabilices cuando el dolor llegue a tu vida. Sos un ser humano y hasta las personas más fuertes tienen momentos de tristeza. Cuando esos momentos lleguen, sácales el mejor provecho, que entre más pronto lo hagas, más rápido se irán.

3. No siempre la vida te lo dará todo, es más, es posible que nunca lo haga. Si sueñas con algo, levántate y ve por ello. No esperes a que la vida se disponga a hacerlo. No creas en que los planetas se alinean para favorecerte. Todo el éxito se basa en esfuerzo y dedicación. Solo ten paciencia pero nunca te rindas.

4. Si el panorama que esta frente a tus ojos no es claro, no te preocupes, detrás de la neblina siempre hay un camino por recorrer.

5. No te aferres al primer amor que llegue a tu corazón. Disfrútalo, acéptalo  y vívelo. Pero no, ese no es el amor de tu vida.


6. Es probable que los amores que vengan después tampoco lo sean, pero todos te dejarán una enseñanza que te hará crecer y te hará mejor mujer.

7. Cuando tengas un mal día no te premies con un obsequio material. Te hará consumista sin ganar nada a cambio (Solo un montón de cosas que luego no sabrás donde meter). Cuando te sientas triste, acéptalo, tómate un espacio a solas y sobre todo, acude a conversar con Dios. Te prometo que Él cambiará tu situación.

8. No siempre le caerás bien a todos. Eso no depende de vos ni te hace una mala persona. Aún Jesús tuvo sus detractores aunque fue un ejemplo de amor y compasión, en cada uno de sus días.

9. Por tanto, lo que piensen los demás de vos, no define la persona que eres. Siempre encontrarás personas que te amarán por lo que realmente sos.

10. Ten una mascota presente en tu vida. Despertarán en vos un pedazo del alma y del corazón, que no sabías que existía. Nunca más estarás sola.

11. No envidies el bien de los demás. Añorar lo que otros tienen te hará infeliz y no podrás sacar provecho a lo que SÍ tienes. Contar con la gracia de Dios es suficiente.

12. Los adultos te dirán que no existen los verdaderos amigos. No los escuches. Sí existen y notarás al instante cuando te encuentres con uno de ellos.

13. Se una mujer leal, sin importar que los demás no lo sean. La satisfacción de no haber fallado te reconfortará cuando los demás lo hagan.

14. Cada vez que llegues a un lugar, camina segura de quien sos, porque no existirá nunca alguien con tu esencia, lo que te hace única y especial.

15. Los papás fallan pero nunca te dejarán de amar.

16. Las tías somos las cómplices eternas.

17. Si alguien te dice que no serás capaz de lograr eso que anhelas, tómalo como un reto y HÁZLO.

18. Cuando tengas días buenos, atesóralos.

19. Se una mujer agradecida siempre y agradale a Dios en todo lo que hagas.

20. Los hombres tienen una maestría en “Amistad verdadera”, rodéate de ellos. Pero si encontrás una chica que también lo es, entonces encontraste un tesoro. No la dejes escapar.

21. No siempre podrás hacer lo que amas pero SIEMPRE ama lo que haces.

22. Reconoce tus fortalezas y potencialízalas. Acepta tus limitaciones y trabaja en ellas.

23. No gastes en cosas; invierte en experiencias.

24. Siempre da tu mejor esfuerzo, esa será tu mejor carta de recomendación.

25. Descubre el propósito por el cual existes y cúmplelo.

26. Llora, al menos, cada vez que quieras. Te liberará de equipaje innecesario.

27. Y perdona. No aprisiones a nadie en tu corazón porque te quitará espacio en donde solo debe existir y habitar el amor.

28. Por eso ama, hazlo como si fuera lo mejor que hicieras. Ama a quienes te rodean, a quienes estén lejos, a quienes fueron lecciones en tu vida. Ámalos como te amas a vos misma, porque el amor propio te dará la llave para tomar el lugar para el que naciste.

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Acerca de mí

¡Hola! Soy Melissa Durán - periodista y presentadora de tv- pero también mujer, madre y esposa.

Me encanta escribir y lo haré cada vez que pueda. Estoy segura que nos identificaremos en muchas de nuestras experiencias.

Bienvenidas a mi blog

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