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Soy Meli Durán

Con luz propia

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• Forzar personas o situaciones que no fueron diseñadas para nosotros solo nos hará mucho daño.

Mientras trataba de probarme aquel hermoso vestido que me llenaba de tanta ilusión, pedí un poco de ayuda para el cierre de atrás. Unas tres dependientes se acercaron a ayudarme, entre ellas se miraban sin percatarse que yo las veía por el reflejo del espejo que tenía en frente.

-“No me cierra, ¿verdad?”, les dije.

-“Está un poco ajustado, quizás con un pequeño arreglo funcione”, me dijo una de ellas con tono amable.

-“Si bajas unos 4 kilos te quedaría perfecto”, dijo con toda seguridad un joven que se acercó de inmediato.

Me voltee para memorizar ese rostro, mientras intentaba controlarme y no cometer una imprudencia.

– “La verdad es que solo si me quito las costillas, este vestido lograría cerrar”, le dije mientras le clavaba una mirada enfurecida. “Yo no tengo que bajar de peso para poder meterme en un vestido ¿Qué estás pensando? Yo no me acomodare nunca a un vestido, el vestido se acomodará a mí. Es sencillo, esta no es mi talla”, agregué.

Efectivamente, en cuanto me trajeron un número más, aquel vestido se adaptó perfectamente a mi silueta. El error no estaba en mi peso sino en la selección del tamaño de aquel vestido que, sin duda, no era para mí.

¿Cuántas veces forzamos situaciones que no están destinadas a ser? Peor aún ¿Cuánto sacrificamos para que personas se queden en nuestra vida cuando no fueron diseñadas para nosotros?

No recuerdo el número de ocasiones en que estuve metida en una situación que desde el inicio sabía que no iba a resultar bien y después parecía imposible salir de ahí. De la misma forma, inicie relaciones de amor o amistad con personas que no calzaban en mi corazón y el insistir solo me hacía mucho daño.

En el instante en que ese vestido se resistió a cerrar, tuve dos opciones. Una de ellas era aceptar la recomendación del tipo ese (que aún me enoja con solo recordarlo) y morirme de hambre un mes completo para saciar un capricho o darme mi lugar, pensar un momento cuales eran los posibles panoramas y elegir el que me beneficiaba: necesitaba otra talla.

Seamos sinceros. Sé que cuando esta metáfora se aplica a otros aspectos de la vida ya no es tan simple como probarse otro vestido. Lo que sí es seguro es que en cada uno de los casos se requiere:

1. Decidir cuales voces escuchar. Las opciones varían entre las que llevan una dosis de veneno de parte de gente externa, las palabras de alguien que sabes que realmente quiere lo mejor para vos o la vocecita que desde adentro no se cansa de llamar la atención.

2. Tomar decisiones. Una vez que crees saber qué es lo mejor, entonces se requiere de mucho valor para tomar decisiones. Muchas veces eso se traduce en renunciar a algo y retomar un nuevo camino.

3. Mantenerse y respetar esa decisión. Este es, quizás, el paso más difícil pero es necesario para que todo adquiera sentido.

No se desespere. Algunas veces esa otra “talla de vestido” no estará disponible y tendrás que esperar con paciencia para conseguirlo. Lo que puedo asegurar es que esa espera valdrá la pena y se ahorrará muchos días difíciles.

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Siempre planifiqué mi vida en torno a los 20s. Me propuse y me exigí cumplir muchas de las metas mientras tuviera veintitantos, constantemente, me repetía: “Eso debo hacerlo antes de los 30”.

Veía ese tercer piso lejano y amenazador, ese destino que estaba allá esperando a que me acercara, tan solo un poco, para comerme viva. Tenía que alcanzar mi licenciatura mucho antes porque después no tendría las mismas fuerzas para hacerlo, lograr la mayor experiencia laboral y “quemar fiebre” porque después, quizás después no podría.

Ni que decir de comer todas las hamburguesas del mundo porque luego el metabolismo me traicionaría y al mismo tiempo ponerme en forma porque luego sería demasiado tarde.

Lo cierto es que un mes me separa de ese cumpleaños número 30 y por alguna razón no me asusta.

De pronto, me da más temor ver hacia atrás y saber que llevo 10 años de mi vida sin detenerme un segundo. He elegido trabajos demandantes, he llegado sin fuerzas al final del día, no he salido a ejercitarme lo suficiente, no he disfrutado lo suficiente, no he leído lo suficiente, no he hecho lo que he querido lo suficiente, ni siquiera, he aprendido a nadar lo suficiente. Sí, a los casi 30.

A veces es tanta la información que digiero en el día que puedo olvidar hasta las cosas más sencillas, pero no por eso, menos importantes. ¿De qué estaba hablando?, ¿en qué quedamos?, ¿qué era lo que iba a buscar?, ¿qué hice ayer??? ¿por qué tendría que recordar lo que hice ayer?

Es entonces cuando percibo que mi cumpleaños se aproxima con una nueva perspectiva de mi vida.
No es que al subir al tercer piso todo sea más difícil, es que lo que he elegido a los 20s me pasan factura ahora. Y sí, es cierto que la báscula ya no es tan benevolente con uno y que prefiero mil veces quedarme en la casa, metida en la cama con unas medias de franela que salir de fiesta. Pero también es cierto que, en lo profundo de mi alma, me siento mejor que nunca.

No es tarde. Aún puedo tomar decisiones importantes que cambien, radicalmente, el rumbo de mi vida. Todavía me embarga la emoción de estudiar otra carrera, la de aprender a cocinar y la de emprender cualquier cosa. Estoy segura que la nueva década que llega a mi vida traerá múltiples cosas buenas y que la que dejo atrás, ha hecho que hoy sea quien soy.

Así que, si sos de las que tienen más de treinta y disfrutan la vida al máximo sin temer a nada, podes estar segura que quiero ser como vos. Y si, por otro lado, sos de las veinteañeras que se quieren comer el mundo, entonces cómaselo, pero sobretodo, disfrute, viva el proceso y no se afane, porque la vida pasa y nunca, nunca será demasiado tarde para empezar de nuevo.

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Yo quiero un amor valiente. De esos que te ven a los ojos y no te ocultan nada.

De esos amores que saben que algunas mujeres no esperan que les bajen la luna, porque los cuentos de hadas son para las niñas.

Yo quiero un amor de esos que van de la mano, con la cabeza en alto. Un amor que me proteja pero que también se sienta seguro entre mis brazos.

Quiero un amor que saque la mejor versión de mí misma. Que me rete, que me impulse, que me aliente y que no intente detenerme.

Yo quiero un amor que no sólo observe la grandeza de otros sino que reconozca la suya propia.

Quiero un amor genuino. Uno de esos que laten fuerte, que te hace sonreír sin sentido, que viene a tu cabeza y se refleja en tu rostro.

Esos amores que llegan de pronto, cuando no los esperas y que no dudan en quedarse.

Quiero un amor fuerte, capaz de soportar los malos tiempos, los malos ratos, las malas vibras. Un amor que sepa lo que quiere y lo que merece.

Yo quiero un amor sincero. Un amor real, sin prejuicios, sin temores, sin heridas abiertas. Quiero un amor que arriesgue, un amor valiente.

No quiero costosos regalos. Quiero tus manos entre las mías.

No quiero promesas inalcanzables. Quiero planes contigo.

No quiero que dudes. Te quiero conmigo.




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En el bus, en medio aguacero, en una presa o hasta en media calle. Cada uno de ellos, escenarios tan comunes y sencillos, sin una gota de romanticismo, se convierten en posibles espacios donde podés encontrar al amor de tu vida.

Este blog nació, precisamente, cuando expresé la plenitud encontrada en medio de la soltería. Nada ha cambiado. Sigo defendiendo y creyendo en cada una de las palabras escritas.

Los dos años y unos cuantos meses de “soledad” fueron los más aprovechados en mis últimos 29 años. Cumplí metas, me propuse otras, crecí académicamente, crecí profesionalmente, tomé riesgos, hice cambios, fortalecí amistades, me convertí en mejor hija, en mejor hermana, en mejor ser humano.  Me acepté y me amé.

No merecía menos, era lo que podía hacer por mí, consciente que yo era la única responsable de mi propia felicidad. Además, anhelaba estar lista para el momento correcto, con un corazón sano y sin ninguna sombra que me impidiera amar a ese hombre como se debe.

Ahora, me traslado a aquella noche fría de finales de noviembre, con 13 horas de trabajo encima, con más de una preocupación en la cabeza, tacones altos y los últimos rastros de maquillaje, el cual estuvo intacto en las primeras horas del día pero ahora estaba fuera de lugar.

Recuerdo que al salir de la oficina, intenté regresar a verme al espejo antes de aquel encuentro pero no lo hice. Al final, era solo un desconocido que me ayudaría con ese artículo que necesitaba.
Así que en medio de la noche y de la forma más informal, lo vi.

-Hola, soy Melissa.
-Hola Melissa, soy Esteban.

De inmediato, esa voz dulce y clara captó mi atención. Nunca nadie había pronunciado mi nombre de la forma en que él lo hizo.

No me importo no haberme peinado o no colocarme un poco de brillo en los labios. Él llenaba de paz y seguridad cada rincón de mi corazón.

Así fue como lo encontré. De frente, en media calle, sin esperarlo ni propiciarlo.
Así fue como él me encontró: plena, sin prisa, sabiendo que llegaría pero sin desesperarme porque lo hiciera.

Lo que sucedió después, es una historia de amor que aún se construye y que nos hace avanzar de la mano, sin temor a lo que venga.



No necesité ninguna cita a ciegas ni desvelarme para visitar lugares en busca de “esa persona”.

Yo solo estuve en el momento justo y en el lugar correcto.

Si se hubiese adelantado tan solo unos cuantos meses, hoy no estaríamos juntos. Nos encontrábamos en un proceso que debíamos enfrentar solos para luego disfrutarlo juntos.

Por eso, a pesar de que muchas personas quisieran resumir todo a una cuestión de años, meses o días, el amor no se limita al tiempo.

“¿Estas segura?, pero si apenas lo conocés”; “Todos van a creer que estas desesperada”; “Deberías esperar un poco más” o el otro panorama: “Ya llevan muchos años juntos, deberían dar el siguiente paso”; “¿No creen que ya deben ponerse serios?”; “y ¿Cuándo se casan? Ya deberían estar pensando en eso, tienen mucho tiempo juntos”.  No prestés atención a frases como esas. Solo vos sabes cuando es el momento justo y eso es lo que vale.

Si estás en una etapa de la vida donde te sentís plena, donde has alcanzado muchas de tus metas, donde sabes lo que querés y no estás dispuesta a aceptar menos, entonces ADELANTE. Estas lista para tomar decisiones.

Tampoco te desesperés diciendo: ¿A dónde lo voy a encontraaaaar? Eso no depende de vos y saberlo, debería quitarte un peso de encima. No te presiones. Disfrutá cada etapa.

Lo único que necesitas es la convicción de que lo bueno que has sembrado en la vida, se recoge y que si has puesto el corazón en manos de Dios, ÉL lo entregará a la persona correcta.

Disfrutá la soltería. Dese una oportunidad y desarrollá una relación con vos misma.

No temas tomar decisiones. Que cada una de ellas te acerque, primero, a la persona que soñás ser. De lo demás, se encarga Dios.

Hoy, con un anillo en mi dedo, sé que amé y respeté a Esteban, aún antes de que llegara a mi vida.
Por eso, reconozco el gran valor de esperar. Cada vez que lo veo a los ojos, lo confirmo.




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Sí, se trata de una historia de amor pero no de las comunes ni tradicionales.
Es una relación complicada, que nació para ser eterna.

Un enlace indivisible pero frágil, tan frágil que cede con facilidad.

Es la historia de amor entre vos y tú alma, entre vos y tu esencia.

Hace unos días, una joven me escribía porque estaba desesperada y necesitaba que alguien le dijera que hacer. En realidad estoy segura que ella lo sabía pero no tenía el valor de tomar decisiones.

Leí su historia. No era diferente a la de muchas otras mujeres, no era diferente a lo que viven algunas de mis amigas, no era diferente a lo que yo pude haber vivido alguna vez y fue, precisamente, lo habitual de los hechos lo que realmente llegó a mi corazón.

Aseguraba estar enamorada. Nunca había conocido a alguien que la hiciera sentir de esa manera. Él la hacía reír y ella amaba ese “sentimiento romántico” que le generaba el creer que alguien antes de domir, pensaba en ella.

Esa introducción al relato parecía conmovedora pero conforme iba avanzando, evidenció que la situación era otra.

Lo cierto es que su “novio” en realidad era el “novio” de alguien más. Que pasaban hasta dos semanas sin que ni siquiera la llamara o le escribiera; él le decía que no estaba dispuesto a hacer nada por ella pero tampoco perdonaría el hecho de querer dejarlo.

Mientras llegaban los mensajes, sabía que lo que yo quería decir no era lo que ella quería escuchar y que al final, todo dependía de que esta joven de 24 años se volviera a enamorar. Sí, se volviera a enamorar, pero de ella misma.

Como mujeres, muchas veces, olvidamos que todo lo que necesitamos está dentro de nosotras, que es descubriendo nuestra alma donde alcanzamos la plenitud y que al final, nadie nos puede hacer daño si no lo permitimos.

Me molesta pensar que entregamos lo mejor de nosotras a quien no lo merece y a quien ni siquiera lo ha pedido.

¿Cuándo nos dejamos de querer?

He visto a mis  amigas conformarse con muy poco, con tal de estar cerca de esa persona que ahuyenta su soledad, aunque tampoco lo amen.
Las he escuchado decir: “Quizás sí utilizo un vestido hermoso, él al fin verá en mí lo que aún no ha visto”
¿En serio? ¿Estas segura que esa persona que ha tenido tiempo para notar lo maravillosa que sos, lo haga solo si utilizas un vestido nuevo? No, nos engañemos.

¿Cuándo te dejaste de querer?

Te dejaste de querer cuando aceptaste estar en una relación donde eran tres, en lugar de dos.
Lo hiciste cuando te obligaste a llamar la atención de alguien que te había demostrado, de forma cruel,  no tener ningún interés.

También cuando te permitiste llorar tres semanas seguidas por una persona que no valía la pena y estabas consciente de ello.

Te fallaste cuando anulaste tu dignidad, cuando te conformaste con menos, cuando aceptaste comentarios hirientes  y los justificaste.

Cuando te aferraste a alguien que no te amaba.

Lastimaste tu corazón cuando sacrificaste la paz y la felicidad por alguien que no estaría dispuesto a hacer lo mismo por vos.

Pero sobre todo, te dejaste de querer cuando te negaste a reconquistarte y mejorar la relación con vos misma.

No aceptes menos atención, menos amor y menos respeto del que sabes que mereces.
No pretendas tener éxito en una relación si aún hay deudas pendientes con la persona más importante, que sos vos.

Todas tenemos el derecho de soñar con el tipo de hombre que anhelamos a nuestro lado y ellos, ellos también merecen a una mujer que ame su propia alma.

Volvámonos a querer.

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Para  cuando aprendas a leer ya habrás tenido tus momentos de dolor, de decepción y por supuesto, de alegría.

Sé que desde que Dios decidió darte esos bellos ojos que me miran con amor, también depositó en vos, los ingredientes necesarios para una personalidad única, pero si de algo sirve mi experiencia, mi pequeña sobrina, deseo compartirte lo siguiente.

28 consejos, uno por cada año que tía ya ha vivido. Tómalos o déjalos. Igualmente, te amaré siempre.

1. Aprende  a perder. Sé que la sensación de ganar es casi un vicio, para eso se trabaja y para eso  es que uno se esfuerza. Pero los grandes ganadores también saben perder. Reconocer que alguien lo puede hacer mejor que vos, sin sentirte inferior o enfurecerte, será el mejor premio que podrás recibir y eso te hará una ganadora.

2. Permite que la tristeza tenga breves visitas. Nadie es feliz el 100% del tiempo, así que no te culpabilices cuando el dolor llegue a tu vida. Sos un ser humano y hasta las personas más fuertes tienen momentos de tristeza. Cuando esos momentos lleguen, sácales el mejor provecho, que entre más pronto lo hagas, más rápido se irán.

3. No siempre la vida te lo dará todo, es más, es posible que nunca lo haga. Si sueñas con algo, levántate y ve por ello. No esperes a que la vida se disponga a hacerlo. No creas en que los planetas se alinean para favorecerte. Todo el éxito se basa en esfuerzo y dedicación. Solo ten paciencia pero nunca te rindas.

4. Si el panorama que esta frente a tus ojos no es claro, no te preocupes, detrás de la neblina siempre hay un camino por recorrer.

5. No te aferres al primer amor que llegue a tu corazón. Disfrútalo, acéptalo  y vívelo. Pero no, ese no es el amor de tu vida.


6. Es probable que los amores que vengan después tampoco lo sean, pero todos te dejarán una enseñanza que te hará crecer y te hará mejor mujer.

7. Cuando tengas un mal día no te premies con un obsequio material. Te hará consumista sin ganar nada a cambio (Solo un montón de cosas que luego no sabrás donde meter). Cuando te sientas triste, acéptalo, tómate un espacio a solas y sobre todo, acude a conversar con Dios. Te prometo que Él cambiará tu situación.

8. No siempre le caerás bien a todos. Eso no depende de vos ni te hace una mala persona. Aún Jesús tuvo sus detractores aunque fue un ejemplo de amor y compasión, en cada uno de sus días.

9. Por tanto, lo que piensen los demás de vos, no define la persona que eres. Siempre encontrarás personas que te amarán por lo que realmente sos.

10. Ten una mascota presente en tu vida. Despertarán en vos un pedazo del alma y del corazón, que no sabías que existía. Nunca más estarás sola.

11. No envidies el bien de los demás. Añorar lo que otros tienen te hará infeliz y no podrás sacar provecho a lo que SÍ tienes. Contar con la gracia de Dios es suficiente.

12. Los adultos te dirán que no existen los verdaderos amigos. No los escuches. Sí existen y notarás al instante cuando te encuentres con uno de ellos.

13. Se una mujer leal, sin importar que los demás no lo sean. La satisfacción de no haber fallado te reconfortará cuando los demás lo hagan.

14. Cada vez que llegues a un lugar, camina segura de quien sos, porque no existirá nunca alguien con tu esencia, lo que te hace única y especial.

15. Los papás fallan pero nunca te dejarán de amar.

16. Las tías somos las cómplices eternas.

17. Si alguien te dice que no serás capaz de lograr eso que anhelas, tómalo como un reto y HÁZLO.

18. Cuando tengas días buenos, atesóralos.

19. Se una mujer agradecida siempre y agradale a Dios en todo lo que hagas.

20. Los hombres tienen una maestría en “Amistad verdadera”, rodéate de ellos. Pero si encontrás una chica que también lo es, entonces encontraste un tesoro. No la dejes escapar.

21. No siempre podrás hacer lo que amas pero SIEMPRE ama lo que haces.

22. Reconoce tus fortalezas y potencialízalas. Acepta tus limitaciones y trabaja en ellas.

23. No gastes en cosas; invierte en experiencias.

24. Siempre da tu mejor esfuerzo, esa será tu mejor carta de recomendación.

25. Descubre el propósito por el cual existes y cúmplelo.

26. Llora, al menos, cada vez que quieras. Te liberará de equipaje innecesario.

27. Y perdona. No aprisiones a nadie en tu corazón porque te quitará espacio en donde solo debe existir y habitar el amor.

28. Por eso ama, hazlo como si fuera lo mejor que hicieras. Ama a quienes te rodean, a quienes estén lejos, a quienes fueron lecciones en tu vida. Ámalos como te amas a vos misma, porque el amor propio te dará la llave para tomar el lugar para el que naciste.

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Estaba lista para salir a trabajar y Coffee, quien aún era un cachorro, logró escapar y correr a gran velocidad.

Eso ya significaba un gran problema. El jardín es lo suficientemente amplio como para saber que nunca iba a poder atraparlo.

Era mi  primera experiencia como mamá de un peludo de cuatro patas y hasta el momento, nada había sido fácil. No lograba comunicarme con él, de forma efectiva.

Pero las cosas se complicaron, cuando salí a ver dónde estaba, lo encontré jugando con algo extraño. Pasaron algunos segundos antes de darme cuenta que podía estar en peligro; lo que llevaba en su hocico era un enorme sapo.

Ese día, no solo llegaría tarde al trabajo sino que mi corazón se detuvo por un instante. Mientras corría detrás de él, sin éxito, solo pensaba en la posibilidad de que Coffee muriera envenenado y que una parte de mí, se apagaría  con él (Los que aman a sus mascotas, pueden entenderme).

“Coff suelte esoooo, es por su bien, me muero si te pasa algo. Déjame ayudarte, deténgase, escúcheme, por favor, es por su bien”…

Se detenía, pero cuando lograba alcanzarlo volvía a correr con mayor velocidad.  Mi cachorro no tenía idea del riesgo que corría, no entendía el panorama que yo veía ni la angustia que sentía.

Pasaron más de 20 minutos, hasta que empecé a llorar. Sentía tanta impotencia. Estaba ahí, gritándole a mi pequeño, diciéndole lo qué podía pasar y él, simplemente, no quería obedecer.
Estaba exhausta, física y emocionalmente, pero sobre todo, estaba enojada.

-          ¿No me escuchás? ¿No entendés que si digo que NO, es por tu bien? Siempre voy a querer lo mejor para vos y me muero si te pasa algo malo.  Tenés que saber que conozco lo que te puede hacer daño y debes aprender a obedecerme.

Guardé silencio y repetí el mismo discurso pero ahora, era yo quien debía escucharlo.

Me encontraba en una etapa en donde había recibido varios, por no decir muchos,” NO” de DIOS.
“NO”  a esa amistad, “NO” a esa relación, “NO” a ese nuevo proyecto y “NO”  a ese sueño.

No sé cómo es tu relación con Dios pero yo aprendí a verlo como un Papá. Así que, efectivamente,  siempre he aprovechado todos esos privilegios que tienen las hijas. Sí, cada vez que deseo algo, acudo a Él y se lo pido.

Pero de pronto, me decía que “NO” a todo.

Ni siquiera recibía su silencio como respuesta. Simplemente, en mi corazón sentía que no estaba dispuesto a complacerme en esas cosas que para mí, eran importantes. Muy importantes. Ese sentimiento se acompañaba de una realidad que me decía a gritos: “NOOOOO”.

Acepto que estaba un poco molesta con ÉL.

Mi lógica me decía que tenía todos los méritos para obtener esas cosas que le pedía (no era nada material),  ya había esperado lo suficiente y no existía ninguna razón para que se negara a mi solicitud.

Entonces entendí que quizás Dios estaba viendo algo que yo no veía.

Que como yo lo hice con Coffee, Dios solo trataba de protegerme.

Lo que parecía un simple juego para mi perro, podía acabar con su vida. Lo que parecía lo correcto para mí, podía acabar con mi corazón.

En voz baja le dije: “Conoces mis deseos más profundos y si tu respuesta sigue siendo negativa, lo acepto. Amaré esos NO por respuesta como te amo a vos. Sé que me premiarás con lo que sabes que es beneficioso para mi vida”, me sentí mucho mejor.

Muchas personas podrían estar pasando un mal momento porque de pronto, esa persona los dejo de querer, porque no fueron elegidos en el trabajo que deseaban, porque  insisten en una situación sin tener resultados.

Nos aferramos a las personas y a las cosas, mientras nada de eso nos pertenece ni fue creado para nosotros.

Suena fácil pero no lo es.

Además, confieso que no siempre entendí a la primera y que como Coffee, corría feliz sin soltar aquello que me haría daño y después sí, quizás una parte de mi moría. Todo porque aunque veía  las señales de peligro, decidía ignorarlas.

Créame que mientras lloramos por quien se fue, por el sueño que no se materializó y porque simplemente, nada es como queremos, el mismo Dios que te dice que “NO” te dará un “SÍ” muy pronto y te sorprenderá.

Nuestros planes no se comparan a los planes que ÉL tiene.

Los malos ratos van a estar presentes a lo largo de nuestra vida pero depende de nosotros cuánto tiempo los dejemos hospedarse en nuestra mente y en nuestro corazón.

Si ese hombre te dejó, te diré que sos una mujer muy afortunada, aunque aún no te sientas así y pasarán algunos meses para que lo descubras, pero ese día llegará. Es probable que tampoco eras feliz con él al lado.

Si esa empresa decidió prescindir de tus servicios, sin darte mayor explicación, entonces se cumplió tu propósito en ese lugar. En algún otro sitio necesitan de tu talento, pero principalmente, de tu luz.
Las veces que te han rechazado, las ocasiones en las que te han dicho que hay mejores oferentes para ese puesto y todas esas oportunidades en las que la puerta se cierra en tu nariz, no definen lo que eres.

Que tus padres te nieguen esa salida, que el jefe te niegue ese aumento o que la Universidad diga que el cupo está lleno, es difícil de aceptar.

Más lo es cuando quien te dice que “NO” es el mismo al que el Universo le obedece, eso quiere decir que nada de lo que hagas para contrarestarlo, tendrá resultado.

Pero esa misma premisa aplica para cuando te dice “Sí, este es tu momento. Te daré mucho más de lo que soñaste, porque supiste esperar y porque TE AMO”, entonces, nada de lo que se oponga tendrá resultado.

Hoy les puedo contar que después de las respuestas “negativas” que me enviaron de parte del cielo, en aquel entonces, recibí algo mayor y mejor de lo que deseaba.

Por fortuna, nada malo le sucedió a mi perro.

Después de ver en el estado en el que yo me encontraba, a mami se le ocurrió sacar la bolsa de sus snacks favoritos y listo, soltó al sapo y se acercó por su premio, el cual no merecía, por cierto.

Estaba molesta pero fue imposible castigar a Coffee, lo único que deseaba era abrazarlo y decirle que siempre iba a estar ahí para cuidarlo, con amor.

Y ¿Vos?

Deténte, deja de correr lejos, escucha, presta atención a lo que te está diciendo. Regresa a sus brazos, Él está viendo todo el panorama y también se preocupa por lo que pueda sucederte. Corre a sus brazos, que te llevará en ellos, si es necesario, hasta que cruces ese desierto y lo hará, con amor.


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Una amiga aplicó a una beca y fue la mejor. La seleccionaron.
Su sonrisa se apagó por un momento cuando alguien cercano aseguró que la obtuvo por lástima. ¿Qué tal?
Una colega trabaja hasta 14 horas al día porque realmente ama lo que hace, obtiene exclusivas y sobresale. Su público se lo reconoce constantemente.
Sus compañeras aseguran que su éxito es porque, de seguro, es la amante del jefe.
Si es bonita, es tonta. No es posible ambas al mismo tiempo. Doble puntaje si es rubia.
Ascendió de puesto. Claro, es de la argolla.
Si habla mucho, quiere llamar la atención. Si es seria, es una pesada. Si no es ni lo uno ni lo otro, entonces no tiene personalidad.
¿Lo has escuchado alguna vez?
Estoy segura que sí.
Comentarios vacíos pero hirientes que paralizan a quien los recibe pero amargan aún más a quién los pronuncia o escribe.
Toma algunos años obtener la habilidad para que la crítica te deje de importar pero solo es necesario tomar una decisión para dejar de afectar, negativamente, a otros con nuestras acusaciones.
Crecemos con un montón de limitaciones impuestas por nosotras mismas, solo por lo que dijo alguien más, pero si, al final somos nosotras las que nos limitamos y por ende, las responsables de no lograr lo que soñamos. Nos bajamos el piso solitas. Renunciamos a las metas solo para no ser criticadas.
Y ¿si lo intentas?
Iban a ser las 12 de la noche. Estaba cansada, después de casi dos meses de mantenerme despierta hasta tarde, tratando de avanzar en uno de mis proyectos pendientes.
Tenía algunos días, bueno, años quizás, con una espinita en el interior que cuando venía a mi mente, me inquietaba. No era una prioridad, por supuesto, tampoco pasaba nada sino lo hacía, pero esa noche, el sentimiento tomó fuerza.
Así que rebusqué entre documentos viejos en mi computadora, hasta encontrar un texto del cual no estaba satisfecha del todo. Creo que prácticamente lo reescribí, ya que quería decir muchas cosas más. Alguna vez se lo mostré a un par de colegas, con la mayor pena de la vida por el qué iban a pensar. Para mi sorpresa ambos dijeron: ¡Tienes que compartirlo!
Por supuesto que no les hice caso ¿Qué iba a pensar la gente?
¿Te has hecho esa pregunta? ¿Te ha preocupado lo qué piensan los demás?
Con cuatro meses lejos de la televisión, sentí que no pasaría nada si lo hacía. Al final, ¿quién lo iba a leer? Algunos amigos, así, por pura curiosidad. Ya no estaba expuesta y lo hice. Lo intenté.
¿Qué pasó después?
Paso lo que esperaba.
Llegaron las críticas de personas cuyos nombres no recuerdo porque no conozco y por supuesto, ellos tampoco me conocen.
Pero también, esa noche mi celular no paró de sonar.
Llegaban cientos de mensajes de personas que me decían: ¡Gracias! ¡Me identifiqué! ¡Me dibujaste una sonrisa! ¡Me llenaste de valor! Y hasta ¡Me diste la fuerza para tomar decisiones y dejar esta relación en la que soy maltratada! Y mi favorita: ¡Por favor, nunca dejes de escribir! Simplemente, no lo podía creer.
Tuve momentos de duda, es cierto, sobre si la decisión de compartir mi texto  fue la correcta.
Inmediatamente, llegaban nuevas palabras  de personas que aseguraban que ese día lloraron de felicidad al dejar de sentirse solos, otros sonrieron porque algo lleno su corazón ¿Pueden imaginarlo? Yo no.
Las 95 mil visitas al blog llegaron solo en ocho días.
¡95 MIL!
Unas 12 mil personas al día,  tomaron de su tiempo para prestar atención a mis palabras. Todo porque lo intenté…
Ese texto que había postergado por tanto tiempo. El mismo que no me atrevía a compartir…
¿Entienden lo que les quiero decir?
No es mi intención presumir de nada. La difusión del blog se dio gracias a quienes lo compartieron, a quienes lo recomendaron, a quienes también lo intentaron, levantaron su voz y aceptaron públicamente en redes sociales: ¡Yo tampoco le tengo miedo a la soltería! ¡Yo la disfruto!
 ¿Cuántos proyectos has postergado?
¿Sabes que quizás también estas retrasando el influir positivamente en alguien más? ¿No? Es probable que no lo sepas, yo no lo sabía, ni lo planee, ni lo espere, solo lo intenté.
No les puedo explicar lo que siente mi corazón. Ni una pizca de orgullo pero toneladas de agradecimiento.
Este no será un blog sobre mi vida personal, como algunos lo han descrito, este blog tiene como objetivo ser un espacio positivo, que motive, que mueva emociones, que te impulse a hacer algo…
¿Vos no estás cansado de abrir tu Facebook y encontrar tanto dolor reflejado en quejas, criticas, ataques infundados y violencia? Si, violencia. Esa es la forma correcta de describir el cómo se expresan tantas personas.
Yo si me cansé. Aunque no los señalo ni los culpo. Detrás de cada insulto en redes sociales hay una historia, un corazón lastimado, una persona vacía. Alguien que solo es capaz de hacerlo por ese medio porque teme dar la cara.
Nunca te limites a hacer algo por miedo a las críticas. Porque ¿Sabes qué? No te librarás de ellas. Llegarán, lo intentes o no hagas nada. No podrás evitarlas.
Y ¿si intentas hacer la diferencia? ¿Correr una milla extra? ¿Ir más allá y ser la protagonista de tu propia historia?
No tengas miedo. Créeme que sobrevivirás.
No importa si te critican. Te aseguro que nada se compara con atreverse a hacer lo que llena tu alma.
¿Qué proyectos tienes pendientes?
Ese primer paso podría estar lleno de éxito, sin saberlo.
Yo no sabía que mis palabras llegarían hasta vos y mucho menos que fueran de tu agrado.
Lo que escribí lo hice con la intención de que afectará positivamente a mi pequeño grupo de amigos. Pero fue mucho más allá y se me devolvió con creces. He llorado de emoción con sus mensajes, por su confianza, por su actitud y si tan solo una persona se sintió mejor el día que leyó lo que escribí, entonces cumplí mi misión.
No merecemos llegar a ningún destino si permanecemos criticándonos entre nosotras.
Quien acostumbra a ser cruel con los demás,  solo atrasa su propio éxito. La  persona seguirá trabajando para conseguir sus metas mientras que la otra invertirá su tiempo en hacerla caer, con altas probabilidades de nunca lograrlo.
Que la crítica no te detenga, ve e inténtalo…

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Acerca de mí

¡Hola! Soy Melissa Durán - periodista y presentadora de tv- pero también mujer, madre y esposa.

Me encanta escribir y lo haré cada vez que pueda. Estoy segura que nos identificaremos en muchas de nuestras experiencias.

Bienvenidas a mi blog

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